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Cuando salió de la sala de entrevistas, las arrugas de su frente reflejaban su preocupación. Tomó una bocanada de aire y expiró, dejando caer los hombros para aliviar la tensión.

Era consciente de que algunos de sus últimos comentarios en redes sociales no habían tenido el impacto deseado. Varios seguidores habían mostrado su inconformidad con sus opiniones; algunos, incluso, le habían hecho unfollow. Y los haters… bueno, esos siempre tienen pegas. Lo que no sabía era que su creciente impopularidad tendría consecuencias tan evidentes en su IE (Índice de Empleabilidad). Se había desplomado en el ranking. Una debacle.

A los pocos minutos, su teléfono vibró, era una respuesta automatizada. Bajó la cabeza y caminó calle abajo. Los pies cerca del suelo. Los ojos lejos del cielo. El runrún del tráfico aéreo apenas le dejaba escuchar sus pensamientos, y era un alivio.

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